martes, 16 de junio de 2009

También los ruídos enseñan


Un día por la mañana iba en el autobús, me dio un gran deseo de leer mi folleto: "variabilidad del lenguaje", el cual reservaba en el bolso que suelo llevar conmigo. De pronto, mi concentración se internó en la lectura y empecé a imaginarme lo que leia en el texto.

Pero hubo un momento en el que me di cuenta de que parte de mis sentidos estaban activados; es decir, mis oídos escuchaban a un señor que predicaba con una voz muy elevado. El cobrador hacía ruído con las monedas, la radio resonaba en las bocinas, los vehículos que sobrepasaban al bus y a las personas que hacían un murmullo de algún tema en especial. También, activé mis ojos que estaban fijados en el folleto, hasta los reflejos me ayudaron a observar los alrededores de la carretera y a situarme en el lugar que se encontraba el colectivo. Así mismo, mis cerebvro comprendia y englobaba lo que ocurría en el transcurso del viaje.



Aprendí dos cosas: leer y escuchar. Son aspectos que ayudan a abonar una mayor concentración y así, poder preguntarme ¿a qué le pondré más atención? Creo que ambas formas van de la mano, porque integran una capacidad de gran interés y logro fijarme más en el acontecer del día a día.
Por otra parte, me gustaría pensar qué pasaría si todas las personas aprovecharan su tiempo en el autobús, en lugar de dormirse o ver a la nada durante el recorrido. Entonces, mientras eso no ocurra en algunos usuarios, yo sí aprovecharé mi largo viaje, observando a la gente para aprender más de lo normal.

1 comentarios:

Carlos Torres dijo...

Estoy de acuerdo con tigo Roxana, a mi en lo personal me parece muy acertado lo que dices. Ya me a pasado esa experiencia.

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