martes, 16 de junio de 2009

Consentidor de mis sueños




En mi casa existe un lugar especial, que no solo guarda mis objetos personales, sino el que acoje mis noches de desvelo, mis alegrías y tristezas. Tal vez, es el único lugar donde puedo reposar sin prisa de nada. Mi cuarto.

Es el que mantiene el recuerdo de la hora en que salí, quizá por el olor de mis fragancias combinadas con el rocio que despiden las paredes. Esa cama que guarda en silencio las noches que paso con ella, la barriga de igor que aparenta ser una almohada, arrullando mi mente mientras mi cabeza reposa en él.

Lo que más me gusta de mi cuarto es cuando estoy acostada. Veo hacia el techo y ahí, está el universo brillando tras la oscurana noche. Con unas estrellas, lunas y planetas que pegué con la famosa "pegaloca".

Aunque mi cuarto no sea tan grande me siento cómoda, porque en su ventana se filtran rayitos de luna y del sol, que brindan tranquilidad a mi espacio. Existe un grato silencio, solo se escucha el "croac" de las ranas y el "cri - cri" de los grillos.

Por las mañanas, me siento dichosa por tener una ventana que afronta los árboles del traspatio. Me asomo a ver la parvada de tucanes y perícos que me vistan todos los días, pero quién me despierta con su "miau - miau", es mi gatita, ella es parte de mi habitación.

Estoy contenta de estar bien con todo lo que me rodea, porque he aprendido que mi cuarto es parte de mi vida, por lo tanto, yo soy parte de él.

También los ruídos enseñan


Un día por la mañana iba en el autobús, me dio un gran deseo de leer mi folleto: "variabilidad del lenguaje", el cual reservaba en el bolso que suelo llevar conmigo. De pronto, mi concentración se internó en la lectura y empecé a imaginarme lo que leia en el texto.

Pero hubo un momento en el que me di cuenta de que parte de mis sentidos estaban activados; es decir, mis oídos escuchaban a un señor que predicaba con una voz muy elevado. El cobrador hacía ruído con las monedas, la radio resonaba en las bocinas, los vehículos que sobrepasaban al bus y a las personas que hacían un murmullo de algún tema en especial. También, activé mis ojos que estaban fijados en el folleto, hasta los reflejos me ayudaron a observar los alrededores de la carretera y a situarme en el lugar que se encontraba el colectivo. Así mismo, mis cerebvro comprendia y englobaba lo que ocurría en el transcurso del viaje.



Aprendí dos cosas: leer y escuchar. Son aspectos que ayudan a abonar una mayor concentración y así, poder preguntarme ¿a qué le pondré más atención? Creo que ambas formas van de la mano, porque integran una capacidad de gran interés y logro fijarme más en el acontecer del día a día.
Por otra parte, me gustaría pensar qué pasaría si todas las personas aprovecharan su tiempo en el autobús, en lugar de dormirse o ver a la nada durante el recorrido. Entonces, mientras eso no ocurra en algunos usuarios, yo sí aprovecharé mi largo viaje, observando a la gente para aprender más de lo normal.

Estoy bien




En medio de tristezas y dolor. Madeline, una niña de diez años, sufre maltrato físico y sicológico por parte de su padre. Ve como, casi todos los días, él destruye el rostro de su madre. Ambas siendo víctimas del jefe de la casa. Madeline sale corriendo a refugiarse en un rincón de su habitación, en la espera de que pronto termine los gritos y los ruídos estridentes que se escuchan desde la cuadra.
Su madre, llega y la abraza, con el consuelo que le transmite al decirle "todo estará bien", aunque ambas se dan cuenta que no será por mucho tiempo.



Al día siguiente, la niña desayuna tratando de ignorar el banquete de ayer. Se prepara para ir a la escuela, a pesar de los golpes marcados en sus rodillas y brazos, ella logra decir "estoy bien".
Cuando ella sale de la escuela, observa a su alrededor, ve a los padres de sus amiguitos que los abrazan con el son de preguntarles cómo te fue. Ella se pregunta, ¿serán así siempre? Se refleja la imagen del padre presentando a su fina esposa y su pequeña y adorable hija, aparentando ser la "familia felíz". La que al llegar a casa, se transforma en el protagonista de otra nueva historia
de terror.




Ahora , Madeline, a sus 26 años, se encuentra viviendo con su madre y su esposo en una casa alejada de su padre. Hace más de cuatro años que no ha vuelto a ver a su padre, y a pesar que ella lo ha perdonado, no ha querido volverlo a buscar. Para Madeline, es muy difícil recordar aquellas épocas de dolor, sin embargo, sabe que sólo son herídas que el tiempo, poco a poco, ha logrado curar.

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